Columna de opinión | Migración e Interculturalidad: Los desafíos de la educación chilena

No cabe la menor duda del proceso sistemático de inmigración que vive nuestro país a partir de las últimas dos décadas, proceso mayormente gatillado por la progresiva estabilidad económica de Chile y su consecuente aumento de la oferta laboral (claramente percibida así por los sujetos que deciden migrar al territorio chileno). Este proceso, cuyas consecuencias no están aún bien  ponderadas, ha implicado comenzar a concebir el escenario nacional en el marco de relaciones interculturales no exentas de conflictividad, con la existencia de diversas nacionalidades y/o identidades específicas que residen en Chile.

La presencia de inmigrantes en nuestro país viene determinando ciertamente una variada gama de políticas gubernamentales destinadas a la mejor incorporación  de estos en ámbitos socioeconómicos específicos; trabajo, residencia, educación, salud, etc. Pero, al unísono, problematiza el escenario de convivencia sobre la base del respeto a la diversidad y la tolerancia, en función de la necesidad de fomentar el respeto a los derechos humanos mas elementales.

Los medios de comunicación, con cierta regularidad, ponen en evidencia reiteradas prácticas de agresión  sobre inmigrantes, objeto de la indiferencia de las instituciones públicas o de la violencia explícita que los denigra en su condición de personas humanas. Ello implica un proceso permanente de relación, comunicación y aprendizaje entre personas, grupos, conocimientos, valores y tradiciones distintas, orientada a generar, construir y propiciar un respeto mutuo, y a un desarrollo pleno de las capacidades de los individuos, por encima de sus diferencias culturales y sociales.

A la luz de lo señalado, se torna necesario discutir y reflexionar seriamente sobre las condiciones en que se está y se estará desarrollando le educación nacional –con énfasis en la capital, lugar con mayor cantidad de inmigrantes- y de allí considerar nuevos planes y herramientas curriculares aplicados a nuevos escenarios educativos plurales. Por tanto, la educación es uno de los medios axiales a través de los cuáles pueden generarse cambios en las formas de representar y concebir la presencia de inmigrantes en todos los aspectos que involucra la vida cotidiana.

Todas las culturas tienen el derecho a desarrollarse y a contribuir, desde sus particularidades y diferencias, a la construcción del país. Debemos recordar el tiempo histórico que nos ha tocado vivir, caracterizado por la libre circulación de personas y la presencia de espacios cosmopolitas que demandan actitudes democráticas frente a un mundo globalizado. Es fundamental advertir que se trata de un proceso irreversible, por lo que debemos superar fundamentaciones nacionalistas, ya que, la realidad más íntima nos lleva a pensar que las relaciones sociales que mantendremos como sociedad de aquí en adelante estarán configuradas por una red heterogénea de valores, costumbres e identidades.

 

Germán Morong

Director Centro de Estudios Históricos

Universidad Bernardo O´Higgins