[Entrevista] Andrea Farías: “la prioridad es proteger sus derechos (de los niños) frente a cualquier tipo de maltrato”

La llegada de un hijo es considerada una bendición, una alegría para el hogar, pero a su vez, puede ser empañada por comportamientos poco tolerados por los adultos, quienes recurren a castigos o golpes que podrían provocar traumas que se manifiestan posteriormente. O bien, están obligados a permanecer en ambientes que no son óptimos para su formación y aprendizaje por el simple hecho de ser el único techo que los puede cobijar.

Estos maltratos, sean físicos o psicológicos, son muchas veces detectados por profesionales de la educación, quienes conviven una buena parte del día con los menores de edad en proceso de educación formal, por ello cada comportamiento, movimiento y expresión son indicadores de que algo puede estar ocurriendo.

Para entender más sobre el trabajo que realiza y el rol que cumple el educador o educadora en instancias a las que ninguno se quiere enfrentar, pero que en el desempeño de sus labores tendrá que encarar, la académica de la Escuela de Educación Inicial de la Universidad Bernardo O’Higgins, Andrea Farías, explica cómo se maneja este tipo de situaciones desde el ejercicio ético y profesional.

¿Cómo es posible detectar las anomalías?

Uno puede detectar estos problemas cuando se recibe a los niños y niñas en los diferentes establecimientos educacionales, debido a que uno se percata inmediatamente de alguna característica o actitud diferente a la habitual. Cuando los menores llegan, siempre se les pregunta “cómo están”, “si esta todo normal”, “llegó con algún problema de salud”, entre otras cosas habituales que, incluso, ellos mismos manifiestan sin presión. Además, cuando son más pequeños, es posible descubrir algún indicio de violencia física cuando los mudan.

¿Cuál es el protocolo de acción en caso de que identifiquen un caso de maltrato infantil?

Si se detecta alguna conducta, algún maltrato u otro tipo de violencia, hay que actuar según el protocolo institucional. Si es una técnico quien se percata del caso puntual en cualquier grado, debe informar inmediatamente a la educadora a cargo del nivel, siendo esta última la que informará a la Dirección de Establecimientos Educacionales.

En caso de que el maltrato sea evidente, el equipo del establecimiento acude al centro asistencial para constatar lesiones y, posteriormente, informan a los padres. Sin embargo, hay algunas Instituciones Educacionales que avisan primero al apoderado en instancias graves, situación riesgosa porque no se sabe de dónde viene el maltrato.

¿Hasta qué punto pueden intervenir las educadoras de párvulos en un escenario de maltrato?

La labor del profesional educador llega hasta el momento en que el caso es informado a la Dirección de Establecimientos o cuando el niño es derivado al centro asistencial. Ahora, cualquier situación de maltrato que no sea denunciado es responsabilidad del educador porque no se puede omitir, pero si esto ocurre se transforma en cómplice del hecho y puede ser inculpado. Por ética profesional existe la obligación de denunciar un maltrato. Por la misma razón es que la atención principal es para el niño, porque la prioridad es saber qué le pasó y cómo podemos proteger sus derechos frente a cualquier tipo de vulneración.

¿Cuál es el rol que cumplen las educadoras de párvulo para prevenir?

Nosotros no solamente educamos a los niños y niñas, sino que a su la familia. Tratamos de orientar la forma en cómo enfrentar situaciones que son críticas y difíciles en las conductas de los menores que llevan a los padres a actuar inadecuadamente, porque cuando existe el maltrato el problema no es el niño, es el adulto quien tiene mayor raciocinio y puede controlar sus impulsos. Sin embargo, hay pocas estrategias que abordan en profundidad lo que es la relación con los niños, por tiempo o por convicciones personales, principalmente.

¿Qué sucede con aquellos niños que crecen en un ambiente que no es recomendable? ¿Es aconsejable que permanezcan en ese lugar?

Siempre es prioridad que estén con sus familias, pero con aquellas que le brinden el apoyo que necesitan porque son ellos los que cumplen el rol de primer educador de los más pequeños y en gran parte de su formación. Por lo tanto, ayudamos a asumir ese rol familiar cuando les cuesta más o menos, independientemente de su nivel socioeconómico o cultural. Es así como la educación al grupo familiar, principalmente a los padres, hace que todo funcione bien y  brinda las oportunidades pertinentes.

Cuando llega un niño que ha sido violentado, tanto física como psicológicamente, ¿hay algún tipo de reacción por parte de sus compañeros de clase?

Los educadores tratamos de conversar estos temas de carácter personal de forma privada. Obviamente, si el maltrato es evidente los compañeros van a reaccionar y es el profesional a cargo quien debe mediar, simplificando las explicaciones del caso en la sala de clases. De todas formas, se concientiza a todos los niños para que cuenten todo tipo de situaciones que consideren anómalas, tanto el equipo profesional del jardín, profesores, y a los padres.