[Entrevista] Claudio Acosta: “las personas pueden extraer una experiencia positiva de esta situación, aportándoles como experiencia de vida”

Los accidentes pueden ocurrir en cualquier momento de la vida, siguiéndonos sin darnos cuenta aunque sea de los más ingratos acompañantes. Pero, ¿se imagina quedar atrapado careciendo de agua y alimentos o sin poder ver a sus familias y la luz del día?

Resulta imposible no recordar el caso de los 33 mineros que permanecieron durante 69 días a 720 metros de profundidad; o el reciente acontecimiento que dejó atrapado en una cueva, durante 18 días, a un equipo de fútbol infantil, cuando de un minuto a otro la rutina cambia abruptamente.

Para entender la situación que vivieron los protagonistas de ambos accidentes, el académico de la Escuela de Psicología, Claudio Acosta, nos explica las secuelas que deja esta experiencia y el apoyo que deben recibir para superar una experiencia que les pudo costar la vida.

¿Qué tipo de acciones se deben tomar para mantener la calma cuando se encuentra atrapado?

Necesariamente tiene que nacer un líder, quien tenga la capacidad de mantener el control y sus compañeros puedan descansar emocionalmente en su figura, quien los guiará y dará instrucciones para provocar una disminución en los síntomas que pudiesen provocar un descontrol en el grupo.

Como es una situación absolutamente extrema, sobre todo porque hay variables que dificultan mucho más la permanencia en ese estado de riesgo, las sensaciones de angustia, ansiedad, miedo y pánico por estar encerrados predominan en el grupo, por lo que debe surgir una persona que asuma el control de la situación para generar tranquilidad y calma en los demás.

¿Qué secuelas puede dejar esta experiencia?

Hay secuelas que son a corto, mediano y largo plazo. En cuanto a las inmediatas, existe una situación de descontrol, sensación de no saber lo que pasa y desequilibrio emocional que pueden generar síntomas como trastorno del sueño. Posteriormente, las más reconocidas que ocurren son el estrés postraumático que, si no es bien tratado, puede generar cuadros más permanentes como depresión, crisis de pánico o angustia.

Entonces, teniendo en cuenta que esto ocurrirá, el equipo médico debe tomar los planes de contingencia para minimizar los síntomas.

Estas sintomatologías, ¿se manifiestan de forma igual o distinta en niños y adultos?

Tanto en adultos como en niños, se manifiestan de forma distinta. Una de las diferencias es que en los adultos se colocan más depresivos y desganados; en cambio, en los niños se suele manifestar a través de conductas disruptivas como la desconcentración e irritabilidad. Además, depende de cómo se viva la situación y las medidas para afrontar el evento posterior que disminuirá o aumentará el riesgo de presentar estos problemas.

¿Qué tipo de apoyo es fundamental en estos casos?

Primero, generar todos los espacios y posibilidades de contención familiar para recibir a la persona que ha permaneció atrapado por muchos días, siendo fundamental que se encuentren bien emocionalmente; junto a un acompañamiento profesional de forma inmediata y permanente en el tiempo.

¿Existe algún tratamiento psicológico alternativo que complemente aquellos tradicionales?

Los tratamientos tradicionales tienen que ver con aquellos específicos que se usan para trabajar eventos traumáticos y  mecanismos para realizar prácticas meditativas que aportan a superar el estrés posterior. Como terapias alternativas, podría servir asistir a programas de meditación para enfocar una mayor regulación emocional, superar el hecho o resignificar el acontecimiento, participar de grupos de apoyo o actividades como el reiki o acupuntura, para tener un tratamiento mucho más sustentable y potente desde la psicoterapia.

¿Cuánto tiempo debería permanecer la persona en tratamiento?

Por lo general, en estas situaciones hay que tomar medidas inmediatas de intervención en crisis las primeras semanas y después seguir un proceso regular que pueda garantizar un trabajo terapéutico y acompañamiento. Como terapia intensiva debiese estar 6 meses y después realizar un seguimiento mediante un apoyo para la reelaboración del evento traumático, que debiese asegurar alrededor de 2 años más. Pero una de las resignificaciones más importantes es cuando las personas pueden extraer una experiencia positiva de esta situación, aportándoles como experiencia de vida.