[Entrevista] Eduardo Tellez: “Creo que el Estado chileno debiese estar analizando el complejo escenario que se puede presentar”

“Creo que el Estado chileno debiese estar analizando el escenario reivindicativo que se va a presentar”

Rapa Nui (la gran tierra), Te Pito o Te Henua (el ombligo del mundo) o Isla de Pascua, como la bautizó el holandés Jacob Roggeveen el 5 de abril de 1722, son los distintos nombres por el que es conocido uno de los territorios insulares de Chile en medio del Océano Pacífico, distante a casi 4.000 km de Tahití y de las costas de nuestro país.

Estos paradisiacos paisajes vigilados por los Moais, esconden una inquietud que el pueblo Rapanui manifestó al Estado de Chile con la intención de ser mundialmente reconocidos por sus orígenes y tradiciones. Cambiar el nombre de Isla de Pascua a Rapa Nui recibió suma urgencia por parte del ejecutivo tras la visita del Presidente Sebastián Piñera a la isla los primeros días de agosto, moción que ya fue aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados, quedando a la espera de la resolución en el Senado.

Para entender el interés de los polinésicos por mantener el nombre nativo, el investigador del Centro de Estudios Históricos (CEH) de la Universidad Bernardo O’Higgins, Eduardo Tellez, nos cuenta el contexto histórico de la moción y analiza los escenarios que se podrían presentar a futuro.

¿Cómo se origina la solicitud de los pascuenses?

Desde que Policarpo Toro Hurtado comenzó con las gestiones de incorporar la isla al territorio chileno en 1887 y tomó posesión de Rapa Nui el 09 septiembre de 1888, mediante un acuerdo con la etnia originaria. Ese momento es el que provocó la inquietud ante la incertidumbre si es que la población de la época aceptó incorporarse a Chile conscientemente o hubo un problema de traducción en la negociación, ya que los Rapanui no manejaban el español.

Entonces, hoy alegan que solo se negoció la superficie territorial y no la integración total al Estado de Chile, por lo que la interpretación se torna disímil ante el entendimiento de cada una de las partes: en el continente se considera una incorporación y en sector insular como un trato limitado entre la República y la jefatura polinésica.

¿Cuál es la razón más importante por la que piden cambiar el nombre de la isla?

Actualmente, la tendencia mundial es nombrar a los pueblos como ellos mismos se proclaman porque el nombre originario representa a la etnia. Cuando un pueblo se otorga un nombre indica que pertenecen a una comunidad en particular, diferenciándose y apartándose de otras, por lo que la asignación de la nomenclatura adquiere relevancia para las personas que pertenecen al pueblo originario. Decir ‘Pascua’ es hablar del territorio, pero ‘Rapa Nui’ tiene que ver con la identidad de la gente que habita el lugar, siendo la vinculación con la historia de la etnia.

¿Esto podría generar inconvenientes?

La folletería y publicidad ligada al turismo se vería más afectada porque deben instruir a los turistas, pero contribuye al cambio identitario, en el sentido que personas de diferentes rincones el planeta reconocen a la isla como sus pobladores quieren. Pero el problema es más inquietante, porque en Rapa Nui, la población está manifestando deseos de autonomía frente al Estado chileno, algo que ha sido silencioso pero generado conflicto. Por la forma en que Chile incorporó la isla, como lo detallamos anteriormente, podría tomar fuerza la tesis independentista de los polinésicos.

Pero eso no es todo, porque podría generar un efecto importante en las otras etnias originarias que habitan el territorio chileno, ya que Chile construyó un Estado-Nación que tiene minorías importantes, algunas muy influyentes, por lo que tiene que negociar con todos por igual. Eso quiere decir que si los RapaNui obtienen beneficios, las demás pueblos originarios podrían pensar que también deben tener ese derecho ante sus demandas.

Entonces, ¿podría ocurrir un conflicto como en la Araucanía?

No necesariamente, porque es una etnia más pequeña. Sin embargo, no hay que descartar un escenario en que se manifiesten corrientes que busquen la separación al cuestionar el origen del traspaso territorial y geopolítico a Chile. Como están las cosas a nivel mundial, estas reivindicaciones tienen peso en los foros internacionales, pero todo depende de la política integracionista que tengan nuestras autoridades, en relación con un trato más delicado y comprometido con los problemas de la isla y sus pobladores, algo que ya evidenció con la “Ley Rapa Nui” que regula estadía y residencia en ‘ombligo del mundo’.

¿Cómo ve el panorama?

Yo veo complejo el tema de Rapa Nui porque este es uno de los hilos de un ovillo más grande, debido a que la reivindicación de los pascuenses no se limita simplemente al nombre de la isla, por lo que hay que manejarse con suma habilidad y experticia. Hay que abrirse al hecho que las etnias están reclamando mayores cuotas de independencia dentro del contexto estatal, que no necesariamente tiene que terminar en una separación, pero a Chile le es complejo desde la perspectiva de un Estado unitario y centralista.

Creo que el Estado chileno debiese estar analizando el escenario reivindicativo que se va a presentar, uno de los cuales es la autodeterminación, y ver si está dispuesta a concederla en términos relativos. Pero esto está recién comenzando.