[Entrevista] Eduardo Téllez: “Las grandes potencias no están en La Haya porque no les conviene”

Este 15 de septiembre Chile presentó ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, la dúplica frente a la demanda boliviana, una semana antes de lo establecido y según palabras del canciller Heraldo Muñoz “la defensa chilena desmonta los argumentos bolivianos que han sido muy inconsistentes”. Con este proceso finaliza la parte escrita de la demanda marítima presentada por Bolivia en 2013, a la espera de que se establezcan las fechas de los alegatos orales y la entrega del fallo definitivo, lo que podría suceder después de febrero de 2018.

Esta es la tercera ocasión en que Chile se ve involucrado en un juicio en la CIJ, sin embargo muchos no conocen aún la importancia, historia e injerencias de este tribunal.

La Corte Internacional de Justicia (CIJ), más conocida como “La Haya”, por tener su sede en el Palacio de la Paz en La Haya (Países Bajos), fue creada en 1945 por la Carta de las Naciones Unidas y tiene como misión primordial decidir sobre controversias jurídicas entre Estados.

Esta se constituye como el principal órgano judicial de la Organización de las Naciones Unidas y está compuesta por 15 magistrados, los que son escogidos por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, se mantienen en el cargo por nueve años – pudiendo ser reelegidos – y deben ser de distintas nacionalidades.

En esta corte los idiomas oficiales son el inglés y el francés y sus reglas están inscritas en la Carta de las Naciones Unidas, por lo que pueden recurrir a este órgano jurídico todos los Estados miembros de la ONU, mientras que las personas físicas, jurídicas y las organizaciones internacionales no pueden recurrir a ella.

La Corte puede llevar dos tipos de procesos: uno el contencioso, que se utiliza para la disputa entre Estados; y el consultivo, en el que se realizan aclaraciones jurídicas a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad y a órganos de la ONU, siempre y cuando cuenten con la autorización de la Asamblea.

Por bases del Derecho Internacional (DI), se requiere que las partes en controversia acepten someterse a ser demandados ante este órgano jurídico, reconociendo así la validez de sus sentencias, este acuerdo o consentimiento se expresa por los Estados a través de la firma de tratados internacionales, como el “Pacto de Bogotá”, el que fue firmado por Chile en 1948, ratificado el 1 de agosto de 1967 y depositó la ratificación el 15 de abril de 1974, aceptando la competencia de la CIJ.

Actualmente son solo 14 países los que admiten las determinaciones de La Haya: Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay.

Las sentencias de La Haya se componen de tres partes:

  1. Individualización del caso, de qué se trata (análisis de los hechos y reproducción de las conclusiones de las partes)
  2. Exposición de los motivos
  3. Decisión final

Además, si es que fuere el caso, se anexan a la sentencia opiniones individuales y disidentes de los jueces.

Cabe destacar que el fallo de la CIJ es definitivo e inapelable, aunque sí existen otras instancias a las que se podría recurrir como el “recurso de interpretación”, que se da cuando el Estado demandado, solicita aclaraciones por parte del Tribunal respecto a lo fallado; otra opción es la de “revisión”, que solo se da en caso del descubrimiento de un hecho nuevo que pueda afectar de forma decisiva la sentencia.

Hay algunos países que se han negado a reconocer la validez de sus sentencias, incluso siendo parte de la ONU, ejemplo de ello es Estados Unidos, cuando en 1984 Nicaragua denunció el uso ilegal de la fuerza, por la intervención del ejército estadounidense en su territorio. En aquella oportunidad la CIJ determinó que EE. UU cometió una infracción del “Derecho Internacional consuetudinario de abstención del uso de la fuerza contra otro Estado” y le ordenó pagar una compensación económica, lo que nunca se concretó.

Chile ha estado buscado resolver conflictos en La Haya en varias oportunidades. La primera fue con Argentina, cuando en 1977 el CIJ sentenció que tres islas en el Canal Beagle le pertenecían a nuestro país, pero en esta oportunidad el Estado vecino hizo caso omiso al fallo, lo que casi terminó en guerra.

Luego Chile se enfrentó a la demanda por límites marítimos que presentó Perú en enero de 2008, la que terminó con La Haya reconociendo parte de la demanda de Perú, por lo que el Estado chileno perdió 22 kilómetros cuadrados aproximadamente, de Zona Económica Exclusiva, que se extiende hasta las 200 millas, sin embargo, no perdió la soberanía territorial.

La última demanda presentada contra Chile fue interpuesta por Bolivia en abril de 2013, en la que se pide a la CIJ por la obligación de negociar un acceso soberano al Océano Pacífico, esto pese a la existencia del “Tratado de Paz y Amistad” firmado en 1904 y en el que se detalla en extenso los límites fronterizos, pero que Bolivia se ha planteado “renegociar” debido a la promulgación de su nueva constitución en 2009.

Pese a que los antecedentes de Chile en La Haya no son del todo favorables, en junio de 2016 presentó una demanda contra Bolivia, para que se declare que el Río Silala es un curso de agua internacional y que Chile tiene derecho al uso de sus aguas.

Respecto a la alianza de Chile a este Tribunal Internacional de Justicia y su permanencia en él, se refirió el investigador del Centro de Estudios Históricos (CEH) y Editor de Ediciones UBO, Eduardo Téllez.

¿Qué es La Haya para el mundo?

Es un Tribunal Internacional de alto poder que fue adquiriendo prestigio después de la segunda guerra mundial sobre la base de resolución de controversias graves entre países. Últimamente ha habido un cuestionamiento a sus fallos, hay algunos que incluso se oponen a la intervención de La Haya, pero dentro de su ámbito, sigue siendo una organización respetable, supranacional y supraestatal.

¿Considera que era necesaria su creación? ¿Para quienes es necesario?

Creo que era necesaria, pero para mí que Chile este en La Haya no lo es. Nunca nos hubiéramos enfrentado a estas demandas en primer lugar, es decir, hay muchos países que no son parte de ella y son poderosos, y por lo tanto a ellos estos fallos no les importan. Yo diría que más bien (el CIJ) se hizo prestigioso y cobró importancia sin reparar que en el largo plazo podría ser contraproducente.

Las grandes potencias no son parte de La Haya…

Es que las grandes potencias que son las que más controversias tienen durante y después de la Guerra Fría y no le dan ninguna validez a este tribunal, lo que es una señal importante, ellas se cuidan de ser arrastradas a instancias como estas, incluso son reticentes a la Corte Penal Internacional, ellas no están porque no les conviene. Cuando se trata de diplomacia uno está en fueros internacionales porque le conviene, porque es bueno para el país que uno representa, de otro modo es recomendable evitarlo y las grandes potencias lo hacen. Estados Unidos, por ejemplo tiende a cuidarse de que en los convenios bilaterales sus militares no puedan ser enjuiciados en tribunales locales, es decir, llega al punto de cuidarse en lo más mínimo y si entrara a La Haya probablemente sus abogados pasarían ahí y para no entrar a ese desgaste, no firman.

¿Chile debería salirse del Pacto de Bogotá?

Chile debería desprenderse de La Haya haciendo los pasos necesarios, que están contenidos en los acuerdos para retirarse programadamente, porque en décadas ¿qué hemos ganado? Nada… Sin embargo ¿qué hemos perdido? Perdimos mar con Perú. Si no hubiésemos estado en la CIJ no habríamos tenido este problema, así de simple. En la práctica, antes podíamos decir que no ganábamos ni perdíamos nada, siendo parte de este tribunal, pero hoy sí estamos perdiendo, y bastante.

En la demanda boliviana, ¿qué podría perder Chile?

La Haya no nos puede obligar a negociar con Bolivia, pero la sentencia podría contener mensajes claros, que desde el punto de vista del prestigio de Chile, tendría que entrar a conversar con Bolivia, aunque no nos obliga a concederle algo, si la Corte falla y recomienda “cálidamente” que Chile retome su negociación, puede que se vea en el deber moral de darle una salida al mar. Si nosotros no estuviéramos en La Haya podríamos aceptar que esta situación es “así no más”, pero es distinto cuando se nos obliga a acatar el fallo. Bolivia entendió claramente el contexto postmoderno y que esta subjetividad que se ha instalado en los fueros internacionales le podía hacer ganar, entonces lo que quiere es “sacar algo”.

¿A qué se refiere cuando habla de la “subjetividad” de la Corte?

En el origen de La Haya los fallos eran estrictamente conforme a derecho, pero en los últimos tiempos se han introducido elementos de subjetividad como en el caso de Chile y Perú, en que ya no están fallando conforme a las evidencias que tienen a la vista, porque aun teniéndolas, están tomando las determinaciones en un sentido que pretende ser salomónico, como insisto, pasó con Perú. En aquel caso, si hubiesen aplicado estrictamente la evidencia, Perú se queda con nada, pero ahora el mensaje pareciera ser “bueno algo tienen que llevarse”. Por eso  creo que no tendríamos que estar en esta Corte, cuando entramos por primera vez estábamos en el contexto de la modernidad, que eran fallos basados en evidencias y sobre ellos Chile podía estar tranquilo, pero eso era 30 años atrás, hoy en día no puede estar tranquilo.

¿Qué podría perder Bolivia en una instancia como la Corte Internacional de Justicia?

Nada, para un país como Bolivia o Perú ir a batirse en La Haya y salir para atrás no es una gran pérdida, pero el que corre todos los riesgos es Chile.

¿Cómo cree que será el fallo ante la demanda boliviana?

Yo creo que el fallo definitivo, de alguna forma, va a favorecer a Bolivia, en el sentido de que ellos han planteado astutamente las cosas y es mejor prepararse para el peor escenario, es decir que aunque La Haya no obligue a Chile a entregar territorio, porque no puede hacerlo, sí va a ocurrir que va a plantear que se inicie una negociación “en serio” con Bolivia y que llegue a resultados efectivos que tienen que ver con que a final de cuentas se derive en una salida soberana al mar para Bolivia.

Entonces, ¿el Tratado de 1904 no es válido?

Ha habido una serie de historias para desconocer la legitimidad del tratado, pero la verdad es que los argumentos que dan se desintegran solos. Ellos firmaron el tratado de 1904 en condiciones normales, incluso en normalidad democrática, por lo tanto tiene legitimidad y representatividad. Trataron de impugnarlo en la Liga de las Naciones y les fue pésimo.

¿Por qué Bolivia demanda a Chile?

Por motivos políticos, porque tiene salida fluida al mar, incluso tiene propiedades en todo el área fluvial que la conecta con la cuenca del Plata y que le permite salir al Atlántico, no son accesos soberanos, ni directos, por lo que no se trata de salida al mar. A Bolivia le dolió mucho perder la Guerra del Pacífico y ahora busca una derrota de Chile, que no la puede lograr por la vía militar, pero sí por la vía política, es resarcirse de lo que ellos estiman un daño irreparable. Por lo que su mayor triunfo sería que Chile le de salida soberana al Pacífico, en que tenga que “torcer el brazo”, pero eso solo ocurriría si Chile acepta entregarles territorio sin que Bolivia pague ninguna compensación territorial, entonces la idea es que, para que nuestro país no aparezca perdiendo, reciba a cambio un equivalente en territorio, por ejemplo se ha planteado el oriente boliviano, lo que nos podría conectar al Atlántico, así Chile saldría “parado dignamente”.

Carta de las Naciones Unidas: http://www.un.org/es/charter-united-nations/index.html

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