[Entrevista] Germán Morong: “Detener un proceso de inmigración sería atentar contra la historia”

“Quiero que Alemania sea alemana. Quiero que Francia sea francesa. Si intentas que todo sea multicultural, al final no tendrás ninguna cultura. Todos los países europeos han peleado por su identidad por muchos, muchos años. Y ahora sólo la desperdician. Creo que eso es triste”, Morrissey.

Polémica han causado las declaraciones hechas por Steven Patrick Morrissey, ex vocalista de The Smiths, al medio de comunicación alemán Der Spiegel, en ellas, el artista hace una fuerte crítica al proceso migratorio que el viejo continente ha experimentado durante los últimos años. Sin embargo, Europa históricamente ha sido catalogada como un territorio multicultural, en el que, a raíz de las diferentes colonias que países como Inglaterra y Francia poseen alrededor del mundo, ha sido considerada un polo de desarrollo social para los inmigrantes.

De esta forma, según datos entregados por la Organización de Naciones Unidas, ONU, en 1990 el 6,37% de la población de Reino Unido correspondía a extranjeros, cifra que al 2015 aumentó a un 13,07%.

Ya sea por estrategia de marketing o no, los dichos de Morrissey, ad portas de su nuevo disco, han generado discusión: ¿se puede o no destruir una identidad a raíz de la multiculturalidad actual? Para saber más acerca de ello, hablamos con el Director del Centro de Estudios Históricos (CEH) de la Universidad Bernardo O’Higgins, Germán Morong.

¿Qué le parecen las declaraciones hechas por el artista en cuanto a multiculturalidad v/s identidad?

Uno de los elementos de la globalización es, justamente, el movimiento dinámico de personas, la deslocalización laboral y productiva, por lo tanto, es muy propio del siglo XX el flujo masivo de personas de un lado a otro, ya sea por temas económicos o por conflictos bélicos en medio oriente, que originan el desplazamiento, por ejemplo, a Italia y al sur de Europa bajo el nombre de refugiados. Entonces, lo que plantea Morrisey, estaría chocando un poco con la realidad de la perspectiva global del mundo donde se habla de un planeta cosmopolita, cuyas identidades son dinámicas, están en constante cambio y se articulan a muchos niveles distintos, por lo que creo que estoy en desacuerdo frontalmente a las palabras del cantante, en términos de que la crítica que él hace es ahistórica y sin fundamentos en la sociología contemporánea.

¿Puede de alguna forma la migración matar una cultura?

Creo que ningún  fenómeno migratorio potente puede desarticular una identidad nacional o una identidad sustentada en la memoria y en una serie de tradiciones. La cultura de un pueblo no solo se traduce en la oralidad, sino que tienen una serie de soportes: textos, escuelas, reclutamiento militar, donde los dispositivos nacionales están permanentemente siendo ejecutados, por lo tanto, creo que una persona no diluiría su identidad frente a un conglomerado de extranjeros que convive con él.

¿No será quizás, un comentario más bien xenofóbico?

Creo que va por ese lado, la pregunta es: ¿estamos utilizando nuestra renuencia a la interculturalidad para ocultar nuestra xenofobia? Respecto a los procesos de refugiados, a los de terrorismo masivos, claramente tiene a los europeos en una paranoia permanente y con un desarrollo anti musulmán decisivo, porque finalmente si estamos criticando el tema de la multiculturalidad o la interculturalidad con el argumento de que estamos diluyendo o perdiendo las identidades locales, eso es una falacia.

El mundo mismo se ha caracterizado, desde el siglo XIV en adelante, por un movimiento de población de un lado para otro, entonces la misma España del siglo XVI era multicultural: habían moros, judíos, árabes, gitanos, y después España proyecta su sociedad sobre América y genera una multiculturalidad mayor con el mestizaje. En consecuencia, creo que la alusión de Morrisey encubre una xenofobia por el tema  de lo que está sucediendo hoy en día. Creo que la multi e interculturalidad, son necesarias para que los niños se formen con valores de diversidad y tolerancia, detener un proceso de inmigración o de convivencia en la diversidad, sería atentar contra la historia, y contra la dinámica del siglo XXI en términos de globalización.

¿Cuál es la diferencia de América con Europa?

Es una diferencia en la cual nosotros tenemos un componente mestizo de base, los criterios que funcionaron en el siglo XIX, y antes, tenían que ver con productos simbólicos de la raza. La sociedad latinoamericana tenía una diversidad de castas que la hacía sociológicamente muy compleja desde el punto de vista de su identidad, y que se aceptaba así. En el caso europeo, la capacidad de mezclarse entre alemanes, ingleses, franceses, italianos, probablemente, fue muy distinta al proceso americano, pero sin lugar a dudas, con los procesos de migración de los siglos XIX y XX, Europa empezó a vivir también un proceso de diversidad y naturalizaron esa inmigración, generando políticas de desarrollo para la inmigración.

 ¿Qué pasa en chile, tenemos muchos “Morrisey”?

Yo creo que sí, pero la sociedad chilena, a mi juicio, en general no es racista. Creo que son grupos muy acotados los que generan  esta xenofobia, pero en general la sociedad chilena históricamente ha sido muy buena para acoger a la persona que viene de afuera, e independientemente de que las relaciones interculturales son naturalmente conflictivas, porque por más que prepares a un chileno a aceptar la inmigración, siempre frente al beneficio de un inmigrante, el chileno activa los dispositivos nacionalistas.

¿Y de qué forma podemos proteger nuestra identidad ante la ola migratoria del último tiempo?

Tengo la impresión de que la identidad no puede ser controlada o manejada de forma externa, sino que es un proceso inherente a la propia dinámica de la historia de un país. La identidad nacional, cuando logra su consistencia más cerrada y homogénea, es siempre bajo dos principios: cuando evocamos conflictos pasados con nuestros países vecinos, o cuando jugamos un partido de fútbol a nivel de selección mundialista, ahí se activan los sentidos identitarios fuertes, y voy a parafrasear lo que dijo el historiador Benedict Anderson, cuando hablaba que las identidades nacionales: “son comunidades imaginadas, que no tienen sustento real”.

¿Pero podemos entonces hablar de una identidad chilena como tal?

La base de la identidad está en lo local, lo más básico y próximo, las demás solo aparecen en momentos determinados. Nuestra identidad nacional es una construcción estatal del siglo XIX, que tendió a homogenizar en la chilenidad una serie de diferencias bajo el dispositivo del himno nacional, la escuela de reclutamiento, y bajo ciertos sentidos simbólicos como la cueca de la zona central, una cierta vestimenta. Pero creo que esa identidad, es una identidad imaginada, sensiblera, porque por debajo de ella es más bien regional y local, lo que hace que en este país sean tan diferentes un magallánico y un ariqueño.