La equidad laboral: una deuda eterna con las mujeres chilenas

En las últimas décadas, el rol de la mujer en Chile ha cambiado radicalmente. En el siglo XX el género femenino era reducido a un papel secundario, donde la maternidad y el cuidado de la familia eran sus principales funciones. En la actualidad, la mujer avanza a pasos agigantados, dinamizando el mercado laboral y de a poco ganándose espacios en actividades que estaban reservadas para el género masculino.

Pero este vertiginoso avance ha dejado varias cuentas por saldar, siendo una de las más importantes: la igualdad de género en el ámbito laboral. Tanta es la desconexión entre el impetuoso avance de las mujeres con la sociedad en general, que según cifras del Foro Económico Mundial, la igualdad económica entre sexos demoraría 170 años en alcanzarse, si se sigue al mismo ritmo.

Es que los números son decidores. Según el informe del Panorama Laboral de América Latina y El Caribe de 2017, realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en los últimos diez años las mujeres de la región han presentado menores tasas de participación que los hombres, con una brecha de alrededor de 25 puntos porcentuales. En cuanto a la tasa de ocupación de las mujeres, el género femenino alcanzó un 45%, en comparación al hombre que se alzó con un 68,9%. Además, el estudio señaló que aunque la brecha salarial de género se redujo del 20% al 15% entre 2005 y 2015, los sueldos de las mujeres continúan siendo más bajos.

Para enfrentar este problema, la ex presidenta Michelle Bachelet, en su proyecto de Nueva Constitución, incluiría la igualdad salarial como uno de sus ejes. Pero Chile ¿realmente está preparado para dar el siguiente paso?

Para el investigador del Centros de Estudios Históricos (CEH) de la Universidad Bernardo O’Higgins, Germán Morong, la inequidad laboral entre el hombre y la mujer en Chile se debe a un “resabio cultural de la sociedad, que tiene que ver con elementos tradicionales heredados, donde se fortalece el machismo. Creo que la piedra de tope para la igualdad, tiene que ver con el sustrato sociocultural del chileno, que tiene una tendencia a la masculinización de una serie de funciones”.

Para Morong, desde la década de los noventa el Estado ha dado señales fuertes de inclusividad, instaurando, por ejemplo, el Ministerio de la Mujer o el post y prenatal. Pero el elemento de cambio sigue siendo la cultura de la sociedad chilena.

¿Cómo podemos cambiar nuestra Cultura en torno a la mujer?

El pensamiento tradicional que se extendió por la mayoría del Siglo XX y que todavía mantiene raíces fuertes en la sociedad chilena, describe un rol doméstico de la mujer que se encuadra principalmente en labores como la procreación, el cuidado de la familia y la crianza de los hijos.

Pero este rol ha cambiado drásticamente, porque “han ocurrido cambios culturales profundos, donde la mujer se ve a sí misma como independiente, autosuficiente, profesionalizada y no dependiente al género masculino” comenta el investigador.

Para el académico, hay tres ejes principales para lograr la equidad laboral: reconocer el valor de la mujer en la sociedad, alejar la “cosificación” de los Medios de Comunicación y apuntar a una educación fuerte.

El primero y más importante de los factores de cambio, es la valorización de la mujer en el mundo laboral, porque “se debe promover el reconocimiento de la mujer no solo en su corporalidad, sino también en su intelecto y en las capacidades que posee. Se debe cambiar el foco en el aspecto empresarial, porque si una mujer es tan competente y demuestra resultados laborales, debe ser valorada de igual manera que un hombre”, comentó el profesional.

En segunda instancia, se debe vencer el estereotipo de la mujer-objeto que frecuentemente se puede observar en los Medios de Comunicación. Es importante dejar atrás esta visión de la mujer debido a que afecta directamente a la visión que se tiene de una persona e influye en la percepción de las habilidades de la mujer.

Teniendo en cuenta lo anterior, se debe apuntar a una educación inclusiva donde “se busque romper los modelos machistas, olvidar la noción de que el hombre es el proveedor del hogar, eliminar el estereotipo de debilidad laboral y avanzar hacia la constitución de espacios de profesionalización y resultados laborales, más que la percepción estereotípica del género”.

¿Por qué las intenciones no llegan a buen puerto?

Un actor importante dentro de esta historia es el Congreso Nacional, que debe legislar para alcanzar una mejor posición femenina en el mundo laboral. Lo curioso es que el tema de la igualdad salarial pareciera ser un tema transversal, pero aún no se han visto opciones reales de transformar las buenas intenciones en leyes.

Para el investigador, este fenómeno tiene que ver con “el discurso de fuegos artificiales” y las promesas de campaña porque “existe mucha propaganda en este tema, porque no hay que olvidar que la mujer representa un 52% de la población, es decir, un electorado potencial al que hay que convencer y que fácilmente puede definir una elección”.

“Muchos de los proyectos de ley son presentados con las mejores intenciones, pero a la hora de legislarlos y aprobarlos, se van diluyendo hasta llegar a nada. Se les da prioridad a otros temas que son considerados más necesarios. El factor preponderante en la concreción de estos anhelos es la voluntad política, porque los partidos deben estar comprometidos para alcanzar los quorum y dar un fin a esta situación”, comentó Morong.