O’Higgins en la Educación

Al cumplirse próximamente los 240 años del natalicio de Bernardo O’Higgins, pocos saben que logró acabar con tres siglos de enseñanza primaria pasiva, desnivelada y atrasada al introducir el método de enseñanza Lancaster. La medida fue una verdadera revolución para la escuela a nivel de aula, y con ello abrió la nación a la modernidad y al progreso social, ya que dicha metodología permitió una educación masiva, popular y progresiva.

El programa buscaba la interacción entre los alumnos, la colaboración y el rápido aprendizaje dentro de un clima didáctico estimulante, que fue calificado como “de enseñanza mutua”.

El proyecto comenzó a implementarse en 1818, en Santiago, con proyección a todas las provincias de la República. Para 1822, en Valparaíso ya funcionaba un exitoso centro que incorporaba a hijos de campesinos, algo inédito para la época. Posteriormente se instruyó para que niñas y niños accedieran por igual al método Lancaster, reforzando así la incorporación de la mujer a la educación.

La primera sala contó con una matrícula pagada de 42 menores, cuyo aporte contribuía a cancelar los 100 pesos mensuales que costaba el sueldo del profesor Diego Thomas, iniciador del sistema en el país. Al mismo tiempo, se abrió una segunda para la instrucción de 93 alumnos sin recursos (más del doble que los particulares), cuya educación era gratuita.

En apenas dos años, O’Higgins puso en práctica una educación gratuita, inclusiva y de calidad, cuyo sello quedaba reflejado así en una de sus cartas: “el país debe formar sus propios hombres de Estado, legisladores, economistas, jueces e ingenieros, ya que sin ellos no podrán lograrse los frutos de los grandes esfuerzos que se hacen…”.

Este modelo de la enseñanza —como dice la tesis de maestría de Arturo Mancilla (2005)— se extendió durante el siglo XIX, pese a que desde 1830 el Estado dejó de financiar las escuelas de esta clase. Lo anterior habla de la relevancia que O’Higgins le concedió a una instrucción pública que no podía sostenerse sino con el financiamiento fiscal y otras ayudas filantrópicas canalizadas por el Poder Ejecutivo.

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Claudio Ruff Escobar

Rector