Vinculación con el Medio

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La Vinculación con el Medio, se refiere al conjunto de nexos establecidos con el medio disciplinario, artístico, tecnológico, productivo o profesional, con el fin de mejorar el desempeño de las funciones institucionales, facilitar el desarrollo académico y profesional de los miembros de la institución promoviendo su actualización y perfeccionamiento.

En este sentido, la Universidad comprende que la Política de Vinculación con el Medio constituye una expresión de las tendencias innovadoras de gestión institucional que son estimuladas por el proceso de acreditación institucional. No es sólo un nuevo nombre para referirse a actividades tradicionales, como la extensión, es un concepto distinto.

La noción de vinculación con el medio constituye una expresión del paradigma de los stakeholders, conforme al cual, las organizaciones son, fundamentalmente, mecanismos de articulación de intereses, que tienen elementos diferentes y comunes a la vez, de diversos “públicos” o stakeholders.

El desafío de la gestión es, precisamente, lograr la coordinación de estos intereses diversos y complementarios, lo que requiere un propósito institucional compartido, elaborado en un proceso que estimule la participación de todos los actores.

De acuerdo a esta noción, las instituciones –la universidad en nuestro caso– son redes de relaciones entre personas y, por tanto, deben ser construcciones colectivas, en las que participen numerosos actores. Si eso no ocurre, se producen distorsiones que afectan al cumplimiento de la misión fundamental de la universidad, que es la de formar profesionales integrales, competentes, y que sean un aporte a la superación de los problemas sociales, siempre bajo la perspectiva del bien común.

Los actores que deben ser considerados en la gestión de toda universidad son: Directivos, el personal académico, el personal administrativo, los alumnos, sus padres y apoderados, los egresados y titulados, el Estado, los empleadores, las instituciones públicas y las organizaciones sociales o comunitarias.

Tomar en consideración a estos actores, como un componente constitutivo de la Universidad y no como elementos adjetivos, es una noción emergente, que está recién instalándose en el cuerpo conceptual que alimenta las más recientes tendencias de gestión institucional, y le dan sentido a las exigencias de una política permanente de vinculación con egresados y empleadores que se están planteando en el último tiempo en los procesos de aseguramiento de la calidad y de acreditación.

Conforme a esta noción, la universidad debe desarrollarse en función del entorno, de la sociedad a la que pertenece y, por consiguiente, de las instituciones y organizaciones que la componen. La universidad debe estar al servicio de la sociedad, debe estar atenta a contribuir, con competencias profesionales, a la solución de los problemas de las instituciones públicas (que brindan servicios a los ciudadanos), de las organizaciones sociales o comunitarias, y de las empresas y sus integrantes (empresarios y trabajadores).

El quehacer de la universidad debe ser pensado en base a los intereses de los actores antes señalados. Esto constituye una potente re significación del concepto de universidad, alejándolo de nociones que en el pasado la distanciaron de la sociedad y la identificaron como una “torre de marfil”. En la actualidad no es concebible pensar la universidad separada de la sociedad a que pertenece.

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