La paradoja del desincentivo perverso: freno a la investigación

Hace algunos años, las innovaciones tecnológicas salían a la luz y asombraban con sus prestaciones supuestamente sorprendentes e inexplicables. Venían precedidas de años de estudios, testeos y pruebas. Era una sensación especial y que con el paso de los años ya no se siente ni percibe. Quizás vagamente exista algo de sorpresa, pero es difícil volver a tener ese sentimiento de perplejidad y asombro ante un desarrollo tecnológico del cual poco se sabía, hasta que se lanzaba al mercado.

Hoy, todo ha cambiado. La internet permite conocer el avance de los estudios, los prototipos y finalmente los resultados de diferentes investigaciones tecnológicas. Ya nada sorprende, la información se filtra a los medios con una facilidad increíble y es en este punto donde entran al juego competidores difíciles de enfrentar y que generan pérdidas millonarias en el mundo entero, los llamados imitadores que falsifican productos con una rapidez notable, incluso, antes de que el original salga a la venta.

Lamentablemente, lo no original se adquiere masivamente y obedece a una conducta humana inevitable que es “aparentar”. Estas copias de alguna manera satisfacen la carencia de las personas al sentir un alza de estatus por su posesión, pero que a la vez, perjudican a la marca original. Pero si analizamos el desarrollo tecnológico, la cosa es aún más seria. Esta actitud de imitar modelos, prestaciones y otros, desincentiva a las grandes industrias que deben invertir fuertes sumas de dinero en investigación y todo lo que involucra, como: tiempo, profesionales top o equipos, lo que nos lleva a una paradoja peligrosa: “Dejemos que otro gaste en crear, lo copiamos y lo mejoramos, es más barato y fácil.” Esto se conoce elegantemente como “Benchmarking”, algo tan básico y normal hoy en día, pero que genera un freno investigativo de proporciones insospechadas.

Si observamos detenidamente el comercio, vemos entre otras, cómo se pelean grandes marcas como Samsung y Apple por licencias y patentes, pero si analizamos la disputa, no encontramos verdadera innovación, no hay novedades, no se encuentran sorpresas, nada se inventa desde cero, no es más que una modificación mejorada de un producto o servicio existente que poco llama la atención. Lamentablemente, la vida se ha hecho más cómoda, más tranquila y al mismo tiempo, más aburrida.

Se debe fomentar y motivar la investigación. Hagamos diferencias notables, investiguemos curas a las enfermedades que nos azotan, produzcamos un lugar mejor para vivir, nuevas tecnologías. Efectuemos un llamado para que las empresas públicas y privadas compitan por ser innovadoras y trasgresoras, como lo fue alguna vez el Apple de Steve Jobs y que los gobiernos se comprometan a proteger efectivamente la propiedad intelectual, los diseños industriales, las marcas y las patentes, y que también inviertan e incentiven, de manera que, en un futuro cercano, algún descubrimiento investigativo nos deje “boquiabiertos”.

 

Marcelo Ortiz Breitler

Director Escuela de Ingeniería Comercial

Universidad Bernardo O’Higgins