Los desafíos de la IV Revolución Industrial

Hoy en día es posible escuchar en muchos medios las consecuencias, positivas y/o negativas, de la aparición de un gran número de nuevas tecnologías que se agrupan en el concepto de “La Cuarta Revolución Industrial”. Para entender mejor este fenómeno, es necesario comprender bien su significado y las oportunidades que puede traer en la medida que nos preparamos y adaptamos como sociedad.

En lo fundamental, es importante saber que esta revolución nace a partir de diferentes tecnologías complementarias entre sí, tales como: la transformación digital, los sistemas ciberfísicos, el Internet de las cosas (loT), el Big data, la inteligencia artificial, el blockchain, la automatización y la robótica. Su impacto ha sido tal, que abarca todos los ámbitos del desarrollo humano lo que ha permitido que su vertiginosa aparición impacte globalmente tanto a las industrias como a la sociedad en su conjunto.

Este oleaje también alcanzó a la industria minera chilena, que desde hace más de 10 años ha incorporado tecnologías de sensorización, automatización y robótica, entendiendo que la modernización de esta industria es clave para mantener la competitividad en el mercado internacional.

La minería chilena se ha convertido es una buena adoptadora e integradora de estas nuevas tecnologías, lo que les ha permitido implementar modernos sistemas de monitoreo, sistemas de prospección remota a través de satélites y drones, sistemas predictivos y herramientas de simulación avanzada (“Digital Twin”). Sin embargo, estas innovaciones dentro de la industria minera irrumpen en un entorno más global que no ha sido capaz de absorber con la misma dinámica estos desarrollos tecnológicos, lo que se ha evidenciado en particular en una falta de capital humano adecuado.

Uno de los avances de los últimos años en la industria minera tiene relación con el diagnóstico acertado de que el capital humano es un factor clave para la competitividad y el éxito económico y social de los países. En este sentido, los expertos afirman que para hacer frente a las tecnologías que trae la Revolución 4.0 se necesitará de profesionales en las áreas de las ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (Pricewaterhousecoopers(PwC), 2015.A Smart Move).

Este escenario hace imperativo que las universidades tengan la responsabilidad de formar a estos profesionales, que deben ser capaces de comprender e integrar las nuevas tecnológicas, y al mismo tiempo de estar preparados para enfrentar el cambio y la incertidumbre respecto a cómo serán estas en el futuro.

Esta incertidumbre respecto a las tecnologías del futuro hace necesario que los profesionales integren habilidades distintas las técnicas, denominas “blandas”,como por ejemplo: creatividad, iniciativa, curiosidad, liderazgo, pensamiento interdisciplinario, flexibilidad, y la capacidad de adaptación y de enfrentarse a problemas desconocidos (World Economic Forum,2016. The Future of Job. Employment, Skills and Workforce Strategy for the Fourth Industrial Revolution).

Los expertos agregan que es fundamental fortalecer las competencias personales que los computadores, por esencia, no pueden adquirir (Muro et al. 2017. Digitalization and The American Workforce) y que ayudan a comprender la realidad ante las nuevas formas de interacción hombre máquina.

En este contexto de constante cambio, los decanos de las distintas facultades de ingeniería tenemos el reto de formar ingenieros anticipándonos a las tendencias futuras en ámbitos relevantes para nuestro país, como por ejemplo el de una minería global. Esta formación debe apuntar a una industria que será totalmente automatizada y robotizada. Es así como debemos formar a profesionales y generar mallas curriculares multidisciplinarias que respondan a los desafíos del siglo XXI, entregando sólidos conocimientos en Tecnologías de la Información (TIC), Big Data y análisis de datos, Computación en la nube e inteligencia artificial.

Este desafío en la formación de capital humano es complejo, dado que además debe estar enmarcado en otros temas globales que afectan a todas las industriales a nivel mundial, como el cambio climático, el desarrollo sostenible y el envejecimiento de la población. Para hacerles frente, conceptos como innovación, ética profesional, responsabilidad social, economía circular, regeneración, eficiencia energética y sustentabilidad deben estar contenidos en los planes de estudio de los profesionales.

En resumen, son diversos los desafíos que deben asumir las universidades en la formación de ingenieros para el siglo XXI capaces de hacer frente a la abrupta irrupción de estas nuevas tecnologías en la industria, en especial la minera.

Este desafío solo se puede enfrentar generando un ecosistema de innovación donde las casas de estudios, el Estado y la industria dialoguen y generen sinergias. Sin este ecosistema se podría hacer aún más difícil responder a tiempo y nos situaría lejos de una universidad 4.0 o Smart University. Por lo tanto, es prioritario para acortar nuestra brecha que la industria minera se involucre en los procesos formativos de nuestros estudiantes.

 

Dr. Katherine Delgado

Decana Facultad de Ingeniería, Ciencia y Tecnología 

Universidad Bernardo O’Higgins