Desde sus primeros acercamientos a la Historia hasta las indagaciones en el extremo sur de Chile, la académica de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO) repasa una trayectoria marcada por la investigación, el trabajo colaborativo y el desafío de develar nuevas leyendas en torno a la antigua ciudad de Rey Don Felipe.
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Cuando los libros de historia inmortalicen este momento se hablará de la moneda que resolvió un misterio de medio siglo y de la Dra. Soledad González Díaz. Más allá de la relevancia histórica, ¿hay ego al ver su nombre tallado en piedra como la historiadora que descubrió la moneda de Pedro Sarmiento de Gamboa? Sonríe un momento, pregunta capciosa, y responde con la misma prestancia que ha tenido durante toda la entrevista. Su carrera y su labor profesional, son raíces mucho más profundas que las ramas itinerantes del egocentrismo.
Sin embargo, antes de adentrarnos en esta pequeña y escurridiza pieza de plata conocida en su tiempo como real de a ocho (moneda de circulación internacional en el siglo XVI), es necesario comprender cómo una niña de orígenes en Valparaíso y la Isla Juan Fernández, mira el mundo que la rodea buscando más, asomándose sobre las fronteras, escarbando entre los recuerdos de ciudades e imperios que alguna vez fueron lo que hoy es Chile y piensa para sí: quiero descubrir más.

Desde pequeña, Soledad viajaba constantemente a Juan Fernández encantada con las leyendas de piratas, el Fuerte Santa Bárbara y los remanentes de una civilización marcada por monarquías y eminencias. Sin embargo, su verdadera vocación vino de la mano de las humanidades, su madre fue docente de Historia y su tío un filósofo. Los libros y las letras han permanecido a su lado desde que tiene memoria, y a través de María Isabel —profesora de castellano de su época escolar— llegó al sendero que recorre hasta hoy:
“En segundo medio tuve una profesora que me marcó mucho, con ella conocí textos que no daban en los colegios sobre antropología, me acuerdo uno que se llamaba algo así como los andamiajes de la cultura y para mí eso fue increíble. Otra profesora nos puso a leer a Emilio Salgari y a Julio Verne, y de chica esa idea de aventura me gustaba mucho.”
Encantada con relatos que retrataban la historia como un tesoro que desenterrar, y como un espejo de su propio sentir; llegó la hora de elegir una profesión. Su madre apostaba por una abogada en la familia, pero Soledad, aún sin certeza sobre donde poner sus fichas, tenía claro al menos que las humanidades eran la respuesta:
“Mi mamá no quería que yo estudiara historia, pero finalmente llegamos a un acuerdo con mi familia <<estudia este año y ve si te gusta>> y es algo que les agradezco mucho. Cuando salí del colegio entré directamente a Licenciatura en Historia, aunque inicialmente también me interesaban la antropología y la literatura, pero sabía que quería dedicarme a las humanidades. Entré pensando que probaría un año y finalmente me fui quedando porque me gustó.
La Pedagogía vino después. Me gustaba enseñar, y también había una razón laboral, porque contar con un título profesional tenía beneficios laborales importantes, especialmente para trabajar en el servicio público.”

Llegada y trayecto en la UBO
Tras titularse trabajó en el Consejo de Monumentos Nacionales y en el Colegio Pedro de Valdivia donde recalca lo exigente que es ser docente en Chile. Estar siempre frente a los cursos, lidiar con la adolescencia, ser profesora jefe, liderar reuniones de apoderados, etc. Una labor realmente agotadora que no termina con el horario laboral y que persigue incluso hasta en los días de descanso.
Posteriormente hizo un magíster en Historia en la Universidad de Chile y luego un doctorado en Filología Hispánica en Barcelona. Cuando finalmente vuelve a Chile, prueba suerte en una convocatoria de la UBO y queda en el cargo de académica. Sus primeros años vinculados a las carreras de Historia y Enseñanza Básica, etapa que describe con el mismo cariño de quien descubre en formar mentes jóvenes, su vocación. Hoy tras más de una década en la Universidad, se desempeña como docente y como una de las investigadoras más dedicadas de nuestra casa de estudios.

Cuando el tema se vuelve hacia la historiadora, la tonalidad de la conversa cambia. En donde en educar hay un “para los demás” en la investigación hay un “para sí”. Si bien es bien sabido que cualquier investigación que sea digan del nombre es resultado de un trabajo absolutamente colaborativo, la llama que prende el deseo de explorar viene solo de esa pequeña niña que se veía a sí misma navegando entre piratas, o paseaba por el puerto de Valparaíso imaginando paisajes de otros tiempos. Para la Dra. González, su actual trabajo investigativo —según ha descubierto en los últimos años— es como vivir tres vidas:
“La gente piensa que los investigadores solo leen, pero hay muchísimo más detrás. La primera vida es el comienzo del proyecto, aquí se requieren rendiciones, firmas, certificados, pasajes, permisos y lo más difícil… coordinación del equipo humano –las fechas de cada uno tienen que coincidir.
Después está la vida en terreno, donde trabajo con arqueólogos y paleoecólogos en el sitio de investigación, excavando, estudiando y catalogando.
Finalmente está la vida de archivos. Aquí se sistematizan todos los datos, se leen, transcriben y archivan, sin contar además con la transcripción de textos escritos en lenguajes tan antiguos que hoy ya no existen.”
Estudios en el fin del mundo
Mientras se encontraba trabajando en su proyecto de Historia Antigua y el mundo Andino —Perú es donde comenzó su labor investigativa y donde más se sentía a gusto trabajando en aquellos años— recibe dos invitaciones, primero de Joaquín Zuleta Carrandi, filólogo de la Universidad de las Andes, y luego una llamada de Simón Urbina, arqueólogo e investigador de la Universidad Austral. Simón la invita a trabajar en un proyecto en el Estrecho de Magallanes con la excusa de tener un punto en común: Pedro Sarmiento de Gamboa –quien vivió 20 años en el Cusco y se sabía era el fundador de la colonia perdida en el Estrecho de Magallanes.
Tras un primer rechazo y la posterior insistencia de Simón, la Dra. González acepta el desafío y se traslada al Estrecho para comenzar a trabajar en uno de los proyectos adjudicados (a cargo de Simón Urbina) pero la llegada del COVID-19 cambia todo y mientras Urbina presenta otro estudio en Chile, la historiadora debe decidir entre volver a sus estudios andino-cuzqueños y perder todo lo avanzado en Magallanes en el proceso, o cambiar definitivamente de área de estudio y adjudicarse el Proyecto magallánico para sí.

Así, nace el FONDECYT Regular N°1241318: “Ahondando en la epopeya del fracaso: una aproximación multidisciplinaria a ciudad Rey Don Felipe (Puerto del Hambre), Magallanes, siglo XVI”. Un proyecto que aunque de mayor escala, busca encontrar la moneda puesta por el mismo Pedro Sarmiento de Gamboa —navegante al servicio de Su Majestad Felipe II, rey de España— y que dibujaría de forma definitiva el punto de fundación de la ciudad, más de 400 años después.
¿Cómo se comienza una investigación de esta escala? y ¿cómo se determina dónde empezar a excavar?:
“Se comienza cruzando diversas fuentes. Aproximadamente en los años ´50, Jesús Veiga Alonso, vicecónsul de España en Magallanes descubre Rey Don Felipe, luego vinieron otros trabajos en los ´70 y finalmente en los ´90 se descubre un mapa del sitio. Así, recopilando todos estos documentos históricos, relatos, más la nueva información; los arqueólogos realizan prospecciones, recorren el sitio siguiendo transectas y coordenadas, estudian las capas del suelo y utilizan herramientas como barrenos y drones más un sistema de geolocalización de precisión milimétrica y detección de metales que registran la intensidad de las señales y su profundidad. A partir de toda esa información se decide dónde tiene sentido excavar.”


Y el proceso de llegar finalmente a la moneda fundacional:
“Desde que comenzamos sabíamos que Pedro Sarmiento había registrado por escrito que en el ritual de fundación en el año 1584 se había dejado una moneda sobre una piedra laja sobre la que se construyó una pequeña iglesia –tal como ocurrió en otro asentamiento de Sarmiento llamado Nombre de Jesús.”
Y detalla:
“En términos prácticos, quien encontró la moneda fue el encargado del equipo de teledetección, Francisco Garrido, arqueólogo del Museo Nacional de Historia Natural. Y una de las cosas que más nos llamó la atención es que estaba a tres centímetros del suelo, que fue impresionante considerando que el mismo lugar ya había sido excavado antes. Se notaba que alrededor estaba todo bien revuelto el sedimento, pero justo ahí nos estaba esperando.”
Así, casi medio siglo más tarde del intento de colonización española en el extremo sur de Chile, la Dra. Soledad González Díaz, siempre junto al equipo del FONDECYT, sostiene finalmente la moneda que da realidad y precisión al punto cero de la ciudad, así como también una dimensión material a algo que solo se conocía por documentos. Nunca se trató de encontrar un tesoro, Rey Don Felipe fue una aldea pequeña construida en madera y barro y habitada por personas con muchas carencias. La moneda permitió conectar directamente el registro histórico con el espacio físico y entender mejor dónde ocurrió ese rito fundacional y así de alguna forma, dar un cierre al misterio del llamado Puerto del Hambre.
Es un momento histórico que comparte con todos los que hicieron posible el hallazgo y que en sus palabras define como:
“Lo emocionante no fue solamente encontrar una moneda. Fue encontrar el conjunto: la moneda, la piedra y el contexto, y además comprobar que coincidía con lo que decía el registro del propio Sarmiento.
Eso permitió identificar el punto de fundación, casi medio siglo después. Entonces uno se da cuenta de que está parado exactamente en el lugar donde ocurrió ese acontecimiento histórico. Para mí, esa coincidencia entre el objeto, el contexto arqueológico y el documento escrito fue lo realmente impresionante.”


Y ahora que su nombre queda asociado para siempre al descubrimiento o más bien a la certificación de que esta ciudad existió realmente, tal como fue descrito en los textos. ¿Hay ego en registrar su nombre en los anaqueles de la historia de Chile?:
“No, para nada, a mí me gustaría que quedara registrado todo el equipo, junto a los nombres de Simón Urbina y Francisco Garrido. Porque en el fondo todo lo que hemos realizado y descubierto en Puerto del Hambre ha sido resultado directo de un trabajo en equipo y multidisciplinario”.
Al igual que lo hizo este equipo al revisar por semanas documentos y archivos de estudios pasados, en el próximo siglo, habrá otros historiadores que revivirán el trabajo realizado por este proyecto FONDECYT Regular N°1241318, para adentrarse aún más en la historia universal de nuestro mundo.
Para la Dra. González, sin embargo, el verdadero cambio no radica solo en el impacto de los resultados de este proyecto; está de igual forma en su área de trabajo, el pasar del mundo andino del Cusco y del norte de los Incas a Magallanes, a una nueva región, personas, e incluso ecosistema:
“Terminé incorporando Magallanes como una parte importante de mi trayectoria y estoy muy agradecida de haber llegado a esa región. Este proyecto de investigación ha marcado un antes y un después en mi desarrollo profesional.”

Interludio. La mujer tras la exploración
Si bien personalmente para la investigadora ser mujer dentro del mundo de los historiadores no ha sido injusto o discriminador, sí reconoce que en general en muchos ámbitos ser mujer es pasar por mayores dificultades. Desde ingresar más tarde al mercado laboral, enfrentar mayores dificultades para estudiar o acceder a cargos de mayor responsabilidad, hasta llegar a irrumpir en un mundo tradicionalmente masculino.
Para Soledad ser mujer en cualquier rubro laboral es tener que demostrar mayores capacidades y aprender a poner límites, especialmente en situaciones donde es más evidente el perjuicio frente a sus pares masculinos. Reconoce también la existencia de una estructura históricamente establecida que hace que la experiencia profesional sea distinta para ambos géneros.
En algún punto de su adultez vino la decisión de ser madre, algo que reconoce como uno de los factores que más puede generar desventaja. El período mismo del embarazo, la lactancia y la crianza de los primeros años demanda exceso de tiempo y energía:
“En mi caso, yo quería ser mamá y estoy muy feliz de serlo. Es una experiencia maravillosa, pero también es muy demandante y hay que reconocer que tiene efectos sobre la trayectoria profesional.
En investigación esto puede ser muy desventajoso porque los proyectos y las evaluaciones consideran productividad, por ejemplo, cantidad de publicaciones en determinados períodos. Si una persona queda fuera de circulación durante un año o un año y medio, aunque exista pre y posnatal, después tiene que intentar recuperar ese tiempo, y eso al ritmo que avanzas las cosas hoy, es muy difícil.”

Lo que queda por venir
Si bien el actual proyecto del FONDECYT “Ahondando en la epopeya del fracaso: una aproximación multidisciplinaria a ciudad Rey Don Felipe (Puerto del Hambre), Magallanes, siglo XVI” continúa en curso y termina el año 2028. La Dra. González ya está planeando su próxima postulación, considerando todo el tiempo que conlleva y todo el trabajo que hay detrás.
Para su próximo proyecto espera indagar aún más en la historia de Rey Don Felipe, pero esta vez desde una nueva perspectiva que revele nuevas miradas sobre el proceso de poblamiento y las personas que participaron en él. Especialmente en la historia de los habitantes de Puerto del Hambre, los 300:
“Durante mucho tiempo la historia de Rey Don Felipe se ha contado principalmente desde figuras como Pedro Sarmiento de Gamboa y desde la perspectiva de la epopeya española. Pero en ese relato existen protagonistas ausentes: las aproximadamente 300 personas que llegaron a poblar el lugar.
Tenemos sus nombres, pero seguir sus historias es muy complejo porque están dispersas en distintos archivos de España y muchas veces hay que leer muchísimo para encontrar apenas una línea. Me interesa saber quiénes eran, de dónde venían, cómo vivieron y cómo fue realmente ese proceso de poblamiento, para darles también un lugar dentro de la historia.”

El futuro de la investigación
Al finalizar la conversación las tazas de café ya están vacías, y los compromisos del día llaman a terminar una interesante charla que lleva a reflexionar sobre el lugar que ocupamos hoy en la historia, el legado que dejamos atrás, y la huella que marcamos para futuras generaciones.
En ese sentido, la académica deja importantes palabras para aquellas mujeres que al ver el mundo que habitan, ven la belleza de la historia que construye nuestro presente, y al igual que ella, quieren seguir el camino a veces rocoso pero satisfactorio de la investigación y la academia:
“Les diría que planifiquen. Que evalúen distintos escenarios, que tomen decisiones informadas y que ante todo busquen mantener su independencia financiera, porque eso entrega libertad para tomar decisiones.
No basta solamente con decir “sigue tus sueños”. También hay que preguntarse qué vida quieres llevar y si esa vida es compatible con lo que quieres estudiar. Hay que pensar en el futuro, tener un norte y ponerse metas pequeñas que permitan avanzar. Yo no fui particularmente planificada cuando era joven, pero tuve buenas notas y eso me ayudó. Creo que planificar también ayuda a disminuir la ansiedad y a tomar mejores decisiones en la vida.”
