Alarma de sismos: La mejor inversión es prevenir

Cerca de 35 mil pesos tendría que desembolsar para adquirir un detector de ondas primarias particular; mientras que para instalar estaciones de monitoreo, solo en la zona central del país, la suma asciende a cerca de 700 millones de pesos.

Chile es uno de los países más sísmicos del mundo y cuenta con el registro del terremoto más fuerte de la historia de la humanidad: el 9,5° Richter que sacudió a Valdivia y localidades cercanas el 22 de mayo de 1960.  Más de 2 mil personas perdieron la vida aquella fatídica tarde de domingo, pero ¿qué habría ocurrido si, en ese entonces, la tecnología le hubiese podido otorgar entre 10 a 15 segundos de aviso previo a la gran sacudida?.

Japón cuenta con el sistema de alerta más avanzado del mundo, implementado en 2006 con más de 4 mil 235 sismómetros instalados en todo el país. Turquía, Rumania y, como se evidenció el 19 de septiembre de 2017, México, cuentan con una infraestructura similar. Es por ello, que ante el riesgo latente al que toda persona está expuesta si se encuentra en esta larga y angosta franja de tierra, muchos se preguntarán: ¿Por qué no en Chile?.

En Chile se podría implementar porque tenemos las capacidades para hacerlo. Desde un punto de vista institucional, hay que generar recursos o que el Estado inyecte capitales a la ONEMI, coordinando labores con el Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile (CNS) y demás centros de estudios”, asegura Miguel Pavéz, académico de Ingeniería en Geomensura y Cartografía de la Universidad Bernardo O’Higgins.

El profesional agregó que “falta que se articulen las políticas públicas, porque no hay que esperar a que ocurra un nuevo terremoto en el que tengamos víctimas fatales para contar con este tipo de implementación. Adelantarse al hecho es valioso, por lo que estamos al debe con el tiempo de anticipación, y con eso nuestros índices de mortandad se verán mucho más reducidas”.

Vaciar ascensores, detener el metro, evacuar tranquilamente zonas de seguridad, cerrar llaves de paso de gas, entre otras acciones, se podrían poner en práctica segundos previos a que las ondas sísmicas generen el movimiento, evitando las reacciones involuntarias ante el sorprendente evento. Sin embargo, los chilenos continúan viviendo en la incertidumbre, respondiendo a actos reflejos en momentos de shock.

Al respecto, el académico de la UBO explica que “siempre tenemos que ver las cosas a escala humana, por lo que una alarma permite tener tiempo para prepararse a quien le atemorizan los temblores, adoptando un estado de alerta porque saben que en unos segundo viene un sismo y, aunque se desconozca la intensidad, van a tomar medidas: si está en altura, va a buscar un lugar seguro y estable; si está en un parque, buscar un lugar libre de árboles o edificios. Así, van a poder pensar, organizar o hacer un imaginario de los posibles entes espaciales que podrían poner en riesgo sus vidas”.

No obstante, Miguel Pavéz revela que “para el Estado no es prioridad. No hay una voluntad política para generar los cambios, porque podemos tener todos los sistemas, mucho conocimiento, publicaciones e investigaciones, pero en nuestro país no hay una conciencia para implementarlo”.

Además, espera que no se dejen pasar más de 5 años para implementar esta tecnología, pero “hoy por hoy lo veo difícil porque el Estado tiene otras prioridades, debido a que no están en una postura de querer hacer cambios en esta materia. Los recursos destinados a ciencia y tecnología no superan el 1%. Al parecer, tendremos que esperar a que se genere una catástrofe para que se implemente esto. Ojalá no sea así. Falta voluntad política para que ellos entiendan esto, siendo que debiese ser una prioridad básica ante los múltiples riesgos a los que está expuesto Chile”, recalcó.

Mientras no se cuente con un sistema de alerta previa al sismo, los bolsos o mochilas con insumos básicos, una radio a pilas, autocontrol y tener identificados los lugares seguros dentro y fuera del hogar, principalmente el “triángulo de la vida”, son las recomendaciones básicas para enfrentar una catástrofe natural de este tipo.