La herencia indígena en Chile: entre la vergüenza y el desconocimiento

Cuando hablamos de Chile, hablamos de una nación diversa y mestiza, donde distintas descendencias se funden para conformar al “chileno”. Principalmente, nuestras raíces provienen de Europa y de los pueblos indígenas americanos a una razón casi de 50/50, pero existe un fenómeno que llama la atención: que el ciudadano chileno no acepta la descendencia de la misma forma.

Un estudio realizado por el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana de la Universidad de Talca, mostró una cruda realidad, donde la sociedad chilena reniega de sus raíces indígenas, llegando al punto de asegurar que Chile es un país más desarrollado debido a la poca influencia de pueblos originarios. En este estudio, un 52% de los chilenos asegura no tener relación con los pueblos originarios, develando también que un 77% de nuestra población cree que llevar un apellido mapuche perjudica en el trabajo.

Teniendo en cuenta estas cifras, debemos preguntarnos por qué no nos sentimos identificados con nuestros pueblos originarios, recordando que el 44% de nuestros genes son amerindios, provenientes de los pueblos Aymaras y Mapuche. Para contestar esta pregunta conversamos con el investigador del Centro de Estudios Políticos, Culturales y Sociales de América Latina, EPOCAL, de la Universidad Bernardo O´Higgins, Michel Duquesnoy, quien tratará de explicar esta situación.

El chileno mestizo  

Según el proyecto “Chile Genómico”, que busca desentramar las características genómicas de nuestro país, el ciudadano de Chile tiene tres descendencias principales: la europea, la amerindia y la africana. Generalmente la que predomina es la europea aunque no por mucha distancia.

Según Michel Duquesnoy, existen dos razones por la que la gente reniega de su origen indígena, “la primera tiene que ver con anhelo de la sangre pura, donde se busca mantener la imagen de pureza, descartando la posibilidad del mestizaje biológico y cultural. También tiene que ver con un tema xenofobia, donde todavía se ve con desconfianza a los indígenas”, explica.

Esta falta de reconocimiento en la cultura y en la etnia mapuche, puede generar un fenómeno de pérdida de costumbres ancestrales. Según el investigador, este fenómeno es matizado, debido a que se provoca por la responsabilidad que tiene el Estado en la conformación de leyes que desarrollen y ayuden a generar respeto por lo mapuche, y por el abandono de la cultura indígena por parte de la sociedad.

El problema se tiene cuando “debido a políticas débiles y a la ceguera de una sociedad un tanto discriminadora, se entorpece o se elimina el diálogo, que es fundamental en el desarrollo de una sociedad y en la creación de identidad común”, señaló.

¿Somos un país discriminador?

Cada cierto tiempo y ante diferentes víctimas surge la pregunta si es que somos realmente discriminadores. Para el investigador, en general, lo somos.

“En Chile, una gran mayoría de la población es discriminadora. Las personas hacen diferencias por  color de piel, de pelo, ingresos económicos o etnia, donde se le tiene miedo a lo diferente y se enfoca principalmente en los indígenas y en los extranjeros” asegura Duquesnoy.

Pero, ¿esta situación se puede mejorar? Al parecer sí y el pilar fundamental es la educación, con el objetivo de facilitar el diálogo entre la sociedad y se comience un proceso de asimilación necesario en nuestro país.

“Debemos apuntar hacia la educación y a políticas públicas claras que faciliten el diálogo entre los pueblos, y se reconozca la cultura y la cosmovisión de los pueblos indígenas, con el objetivo de sanar heridas, generando una mejor relación entre los chilenos y sus raíces”, finalizó el investigador.