Cine chileno y la representación de la pobreza

La primera película nacional data de 1910 y pertenece a Adolfo Urzúa, quien filmó y exhibió la película “Manuel Rodríguez”, pero el auge del cine en Chile se produjo en los años 20, una época en que aún se trataba de películas mudas, que tenían como principales temáticas las relaciones amorosas, situaciones criminales, reconstrucciones históricas, identidades regionales, entre otras, transformándose lentamente en uno de los pasatiempos de los chilenos.

“En términos teóricos planteamos que el cine es una práctica significante, no solo refleja la realidad a la cual pertenece, sino que también ayuda a construir esa realidad, es un juego de espejo que hay entre aquello que se presenta como reflejo y aquello que ayuda a que nosotros, como sociedad, entendamos esa realidad de las que las películas forman parte”, señala el investigador del Centro de Estudios Políticos, Culturales y Sociales de América Latina (EPOCAL), Dr. Juan Pablo Silva.

El investigador está desarrollando un proyecto FONDECYT de iniciación 11160133, titulado “Cine, neoliberalismo y sociedad. Por una genealogía de la representación de la pobreza en cine de ficción chileno (1980-2015)”, que busca dar cuenta de la representación visual de la pobreza en el cine de ficción chileno y como éste contribuye a instalar determinadas estéticas e imaginarios que participan en la fabricación de la pobreza.

Para este estudio se definieron tres periodos: el primero, que va desde 1980 a 1990; el segundo, abarca desde 1990 al 2006, que es conocido como el periodo de transición a la democracia; y el tercero, va desde 2006 al 2015”. En este primer año se está trabajando el período que comprende de 1980 a 1990.

El Dr. Juan Pablo Silva explica que “la intención es ver cómo el cine representa la figura cultural del pobre y la marginalidad, para ello usamos el concepto de genealogía, tratando no de ir tanto al origen de cómo se representa el pobre, sino más bien ver las distintas relaciones que se mantienen entre los distintos periodos”.

El criterio para la selección de las películas, es que esta haya sido estrenada en sala y tenga como rol protagónico el pobre, lo popular o la pobreza. Luego de definir las obras, el investigador las trabaja utilizando lo que Roand barthes llama lexias o unidades de lectura y, de acuerdo con ello, se trabaja  indistintamente con planos, secuencias o escenas, dependiendo de las posibilidades discursivas de cada una de las películas.

El Dr. Silva agrega “lo que nosotros tratamos de ver son las construcciones ideológicas que se inscriben en las obras y cómo estas significantemente participan, tanto reflejando como ayudando, a potenciar distintos estereotipos del pobre”. Además, dentro de la investigación, está desarrollando el arco dramático en la representación del pobre en distintas épocas, “por ejemplo, en los años 40 la pobreza era vista de una forma dulcificada porque destacaba la solidaridad y humildad, pero hoy en día, lo que vemos es una marginalización o lumpenización, ha variado la representación que de ser algo positivo pasó a algo negativo” señala Silva.

Cabe destacar que en este segundo semestre, Pía Campos y Daniela Boisier, alumnas de Psicología vespertino de la Universidad Bernardo O’Higgins, se han incorporado como tesistas al proyecto.

Con este estudio el Dr. Silva pretende relacionar pobreza, neoliberalismo y representación cinematográfica, una temática que ha sido poco trabajada en el país, y se espera que sus principales resultados sean publicados en revistas académicas de corriente principal.

Dentro de los objetivos el investigador de EPOCAL plantea “nos interesa mucho más dar los contextos sociales, políticos y culturales donde estas obras están insertas, que centrarnos en los dispositivos estéticos, porque buscamos comprender el modo en que la práctica cinematográfica contribuye a naturalizar determinados entendimientos acerca de la pobreza y el pobre”.

Algunas de las películas que son parte de esta investigación:

Los deseos concebidos (1982) de Cristián Sánchez; Sussi (1988) de Gonzalo Justiniano; Todo por Nada (1989) de Alfredo Lamadrid.

¿Caluga o menta?  (1990) de Gonzalo Justiniano; Los Debutantes (2003) de Andrés Waissbluth; Azul y Blanco (2004) de Sebastián Araya.

El Rey de San Gregorio (2006) de Alfonso Gazitúa; El Pejesapo (2007) de José Luis Sepúlveda; Matar a un hombre (2014) de Alejandro Fernández Almendras.

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