La evolución del colectivo: una mirada desde las redes sociales

Con la increíble proliferación de las redes sociales desde que Mark Zuckerberg y sus colaboradores crearan Facebook en 2004, ya no hay mucho lugar para la nostalgia de una sociedad anterior. Existen personas que ya pueden votar, y que no recuerdan el mundo sin internet ni social media. Pero la motivación que tienen esos jóvenes para entrar a Instagram, Snapchat y Youtube es muy distinta que la que tuvo la generación anterior para crearse una cuenta de Facebook o Twitter. La evolución de estas plataformas y aquello que ofrecen nos ayuda a ver hacia dónde tendemos y con qué herramientas contaremos para enfrentar los desafíos que se nos vienen a nivel global.

Si bien Facebook nació como un espacio en el que podíamos encontrarnos a un nivel más inmediato e interconectado con otros, reencontrarnos con los amigos del colegio con los que habíamos perdido contacto y descubrir aspectos en común, esa realidad escaló muy pronto. Con la aparición de Twitter, podíamos conectar ahora en otra esfera: la pública. Podíamos fiscalizar a nuestros políticos, obligar a nuestros dirigentes a rendir cuentas, propagar causas importantes para nosotros. Esto también mostró el lado más amargo de las redes sociales: el cruel escarnio público anónimo.

Mucho más visuales, y en apariencia más feliz y positivo, llegaron YouTube (que si bien ya existía, su auge como plataforma de creación autónoma de contenidos es más reciente) e Instagram, de la mano de su tribu de influencers. Las redes sociales se convirtieron en un trabajo eventualmente muy lucrativo, pero, más allá de eso, estas plataformas permitieron al público levantar a sus propios opinantes, celebridades e ídolos con sólo el poder de sus clicks, a una escala global y sin intermedios.

Si desglosamos la distribución demográfica de las diferentes redes sociales, la más usada es YouTube, con un 73% de los estadounidenses activos en él. Luego viene Facebook con un 68%. Sigue Instagram con un 35%, sin embargo, esta última junto con la primera son las más utilizadas por los influencers, que por edad prefieren abiertamente esta plataforma. La creación de InstagramTV, las historias (emulando a Snapchat) y la posibilidad de cargar breves videos que capturen el termómetro del momento, así como álbumes de fotos, convierten a Instagram en la red social quizás más versátil.

Usadas en conjunto, YouTube e Instagram permiten a los influencers levantar y destruir marcas, personas y grupos, compartiendo sus experiencias, pensamientos y emociones sin censura, transmitiendo ideas, conocimientos y causas, atrayendo a sus públicos hacia la conciencia global y tematizando los desafíos que enfrentaremos a nivel mundial como sociedad: ansiedad y depresión, violencia contra la mujer, desastres naturales y calentamiento global, identidad de género, bullying y abuso escolar y laboral, espiritualidad, en fin.

El desarrollo de las redes sociales creó una sociedad globalizada y consciente, en la que ya no es ni será posible mantener tabúes y estigmas, y donde cualquier ciudadano que lo decida podrá tomar la voz y erigirse como líder de opinión con el apoyo de sus seguidores, a quienes también se debe y necesita complacer. Las oportunidades que el fenómeno brinda son tan ilimitadas como inciertas e irreversibles. Nunca antes había sido tan posible para los ciudadanos comunes y corrientes cambiar el mundo, y lo cierto es que los influencers están cambiando el mundo, un click tras el otro.

 

Cristian Cornejo

Director General de Comunicaciones y Extensión

Universidad Bernardo O’Higgins